Streaming gratuito vs. suscripciones: impacto en la fidelización y el descubrimiento de contenido

Durante años, la industria del streaming apostó por un modelo aparentemente simple: los usuarios pagan una cuota mensual y acceden a un catálogo ilimitado sin publicidad. Es lo que conocemos como SVOD (Subscription Video on Demand, o video bajo demanda por suscripción). Netflix popularizó esta fórmula, que parecía enterrar definitivamente el modelo tradicional de la televisión financiada por anunciantes. Sin embargo, en la actualidad asistimos a un fenómeno casi opuesto: el resurgimiento del video gratuito con publicidad, conocido en la industria como AVOD (Advertising Video on Demand). Plataformas como Pluto TV, Tubi o Rakuten TV ofrecen miles de horas de contenido sin cobrar al usuario, recuperando su inversión mediante los espacios publicitarios que estos ven durante el visionado. Lo más llamativo es que no se trata de un retorno nostálgico a la televisión tradicional, sino de una reinvención que combina la libertad del on demand con la monetización publicitaria. Según datos de Solomon Partners, el uso de servicios AVOD ha experimentado un crecimiento del 17 % desde el 2021, superando ampliamente el 9% de crecimiento de las suscripciones SVOD en el mismo periodo.

Entre ambos extremos han surgido también los modelos híbridos: servicios como MAX, Disney+ o el propio Netflix ofrecen ahora múltiples niveles, algunos con publicidad y otros sin ella, a diferentes precios. Esta fragmentación responde a una realidad incómoda para la industria: el mercado de las suscripciones ha alcanzado su punto de saturación. Los hogares ya no pueden —o no quieren— seguir sumando pagos mensuales indefinidamente.

La paradoja de la fidelidad: pagar no es sinónimo de compromiso

La lógica tradicional sugería que un usuario que paga por un servicio se compromete más con él. Cuanto mayor la inversión económica, mayor el vínculo emocional con la plataforma. Los datos, sin embargo, cuentan una historia más compleja. Netflix, el gigante indiscutible del SVOD, mantiene la tasa de cancelación más baja del sector: apenas dos de cada cien suscriptores abandonan el servicio cada mes. Esto parece confirmar la teoría, pero al ampliar la mirada a otras plataformas, el panorama se complica. Servicios más recientes o con catálogos menos consolidados sufren tasas de abandono significativamente superiores, algunas por encima del siete por ciento mensual.

El fenómeno más revelador es el de los serial churners, un término que la industria usa para referirse a usuarios que cancelan y se «resubscriben» constantemente. Estas personas tratan las plataformas como si fueran bibliotecas: se suscriben cuando hay un estreno que les interesa, consumen lo que quieren ver, y cancelan hasta el próximo lanzamiento importante. Datos de Antenna, indican que en Estados Unidos, casi una cuarta parte de los suscriptores exhibe este comportamiento, y su número se ha más que duplicado en los últimos dos años.

Esta estrategia de «rotación consciente» desmonta la idea del suscriptor fiel. Para estos usuarios, la suscripción no genera ningún apego emocional a la plataforma; es simplemente la forma más eficiente de acceder temporalmente a contenidos específicos. Y las plataformas lo saben: algunas han comenzado a modificar sus estrategias de lanzamiento, volviendo a estrenos semanales en lugar de temporadas completas, precisamente para alargar el periodo que un usuario necesita mantener activa la suscripción. Los planes más económicos con publicidad, curiosamente, presentan tasas de abandono ligeramente superiores a los premium. Esto sugiere que el usuario que acepta ver anuncios para pagar menos también es más sensible al precio y más propenso a cancelar si encuentra una oferta mejor en otra plataforma.

El modelo gratuito: compromiso sin contrato

Los servicios AVOD operan bajo una premisa radicalmente diferente: eliminan por completo la fricción de la decisión de pago. El usuario no necesita sacar su tarjeta de crédito, no recibe cargos mensuales que revisar, no tiene que preguntarse cada mes si está «amortizando» su suscripción. Esta ausencia de compromiso económico podría interpretarse como menor vinculación, pero genera un tipo distinto de fidelidad. El crecimiento del consumo en plataformas gratuitas ha sido notablemente superior al de las de pago en los últimos años. Este dato refleja no solo presiones económicas —muchos hogares han reducido el número de suscripciones que mantienen simultáneamente—, sino también un cambio en la forma de relacionarse con el contenido. Los usuarios de AVOD no sienten la presión de "aprovechar" su inversión; pueden navegar el catálogo de forma más relajada, probar contenidos sin el peso de estar «desperdiciando» tiempo de su suscripción.

La industria ha tenido que adaptar sus métricas de éxito. En lugar de medir la tasa de cancelación —que en servicios gratuitos carece de sentido—, se analiza cuántos usuarios activos regresan mensualmente y cuánto tiempo pasan viendo contenido. Lo interesante es que estos indicadores muestran niveles de engagement comparables, en muchos casos, a los de servicios de pago.

Existe también un factor psicológico relevante: la tolerancia a los anuncios. Durante décadas, la publicidad fue parte inseparable de la experiencia televisiva. La generación que creció con TV abierta no percibe los anuncios como una interrupción intolerable, sino como parte natural del formato. Las generaciones más jóvenes, socializadas en el modelo Netflix sin publicidad, muestran menor tolerancia inicial, pero los datos indican que esa resistencia disminuye cuando el contenido ofrecido resulta atractivo y la carga publicitaria no es excesiva.

Descubrir contenido: dos caminos, dos experiencias

La forma en que usuarios de SVOD y AVOD descubren contenido difiere sustancialmente, y no solo por los algoritmos de recomendación que cada plataforma emplea.

En las plataformas de suscripción, el usuario suele llegar con una mentalidad de «inversión activa». Ha pagado por el servicio y quiere encontrar algo que valga la pena ver. Esto genera un comportamiento más orientado a objetivos: busca activamente títulos que conoce, explora categorías específicas, lee descripciones. Los algoritmos de Netflix, Disney+ o Apple TV+ están optimizados para minimizar el tiempo entre que el usuario abre la aplicación y comienza a ver algo, reduciendo la frustración que podría llevar a la cancelación.

En cambio, los servicios gratuitos fomentan una exploración más casual. Sin la presión de rentabilizar una cuota mensual, el usuario puede permitirse el lujo de empezar algo, decidir que no le convence, y cambiar sin sentimiento de pérdida. Esta dinámica favorece especialmente al contenido de catálogo —películas y series que no son el último estreno—, que en plataformas premium suele quedar eclipsado por las producciones originales que justifican el precio de suscripción.

Algunos servicios AVOD han recuperado incluso la programación lineal al estilo televisivo tradicional, mediante los llamados canales FAST (Free Ad-Supported Streaming Television). Estos canales temáticos que emiten contenido en bucle, simulando la experiencia de "encender la tele y ver qué ponen", han encontrado una audiencia sorprendentemente amplia. Resulta que muchos usuarios valoran no tener que elegir constantemente qué ver: prefieren dejarse llevar por una programación curada.

La «paradoja de la elección» —el fenómeno psicológico por el cual demasiadas opciones generan parálisis e insatisfacción— afecta de forma distinta a cada modelo. Los catálogos enormes de las plataformas SVOD pueden resultar abrumadores. Los servicios AVOD, históricamente con bibliotecas más limitadas aunque cada vez más amplias, ofrecen una experiencia más acotada que algunos usuarios experimentan como menos estresante.

Cuando los modelos se fusionan

La frontera entre SVOD y AVOD se ha difuminado deliberadamente. Las grandes plataformas han comprendido que no existe un único perfil de consumidor, sino múltiples audiencias con diferentes disponibilidades económicas y tolerancias a la publicidad. De ahí la proliferación de niveles: el mismo servicio puede monetizarse de forma distinta según el usuario.

Netflix, que durante años resistió la idea de incluir publicidad, finalmente lanzó su nivel con anuncios. Disney+ siguió el mismo camino. MAX, resultado de la fusión entre HBO Max y Discovery+, ofrece tres niveles diferentes. Esta estrategia responde a una realidad económica documentada por la consultora Deloitte: los hogares estadounidenses gastan de media casi 70 dólares mensuales en suscripciones de streaming, y casi la mitad considera que es demasiado.

Para los creadores de contenido, esta hibridación genera nuevas complejidades pero también oportunidades. Una producción puede tener múltiples vidas: estreno en nivel premium para maximizar ingresos iniciales, migración posterior al nivel con publicidad para ampliar audiencia, y eventual licenciamiento a plataformas AVOD puras para exprimir la cola larga. Cada ventana atrae audiencias diferentes y cumple objetivos distintos.

Los anunciantes, por su parte, ven en esta evolución una oportunidad estratégica. La publicidad en streaming combina el alcance masivo de la televisión tradicional con las capacidades de segmentación del marketing digital. Plataformas como Netflix o Disney+ con publicidad ofrecen inventario premium que atrae presupuestos que antes se destinaban exclusivamente a TV abierta o cable.